"Harimaguada"

Mujer encargada de la educación de las "Maguadas"

Martes, 27 de Agosto de 2013 | Carmelo Ramírez Pérez

"Maguada" es el término que se usa, a partir de Antonio de Viana, para designar a la adolescente canaria consagrada al culto en la isla de Gran Canaria en la época anterior a la Conquista de Canarias por parte de la Corona de Castilla. Harimaguada vendría a denominar a la mujer encargada de la educación de las Maguadas y participar en algunos rituales, siendo una figura muy respetada en el seno de la sociedad prehispánica de Gran Canaria.

Historia

Según Francisco de Luca (uno de los más reputados estudiosos de la materia), las fuentes documentales posteriores a la conquista proporcionan una aceptable descripción etnográfica acerca del fenómeno religioso canario anterior a la conquista castellana. Antonio de Viana, el primero en usar el término, refiere: "..aunque se entiende por la mayor parte / ser este oficio propio de las vírgenes /que solían llamar Harimaguadas /y prometían virginal pureza/ las cuales habitaban en clausura / de grandes cuevas, como en monasterios"..

Se ocupaban del culto y la oración, con cánticos como los de Almene-Corán (Misericordia, Señor). En las casas de estas sacerdotisas aprendían las jóvenes a cortar y adobar pieles, tejer juncos y hojas de palma, coser tamarcos, alfarería y las técnicas del adorno corporal y el uso de pinturas. Abreu Galindo cita: "las Harimaguadas, mujeres destinadas al culto, tenían casas donde se encomendaban al Dios que estaba en lo alto, que decían Almogaren, que es "casa santa", las cuales rociaban todos los días con leche…".

Se refiere que cuando alguna joven violaba una norma de conducta, se le reprendía por la Harimaguada de una manera indirecta, para lo cual llamaba a todas las otras jóvenes y sentándolas en semicírculo, les decía: “Si yo fuera Ayucai (aquí citaba el nombre de la muchacha, hija de Bencomo y Taguria (nombraba a sus padres), y hubiera cometido la falta de....(y la decía), mereciera este castigo”. Y azotaba el suelo con unas varas.

Fr. José de Sosa desvela un manuscrito de 1678 en el que aparece reflejada lo que los cronistas conocían como la Casa de las Maguadas, en Gáldar (Gran Canaria): "..Ai tradición que esta casa siendo muy labrada de colores era el Palacio en donde asistían las doncellas recogidas y como religiosas que llamaban Maguadas..." .

Los lugares donde residían, dedicadas a la enseñanza y a la oración, se denominaban Tamogantes. Las Harimaguadas (también Maguas, Hari-maguas o Hari-magadas) tenían dos asilos principales cercados de muros, de cuyo recinto no salían sino en días determinados para bañarse en el mar, estando prohibido que ningún hombre las encontrase en dichas ocasiones. Una de estas casas estaba en Agaete y otra en el distrito de Telde, junto a la Montaña de las Cuatro Puertas o Montaña Bermeja.

Parece demostrado que las Harimaguadas recibían diezmos por parte de la sociedad grancanaria: "Recibían para su sustento nuestras vírgenes canarias, ciertos frutos de la tierra a manera de diezmos que les daban los vecinos y los encerraban y guardaban en cuevas que tenían diputadas para irlos gastando por su razón y cuenta en todo el año".

El mismo de Sosa continúa explicando : "y también nuestras doncellas canarias las recogía su Rei Guanarteme en su palacio escogiendo de toda la isla la más noble y virtuosa criatura que para su hermosura, aseo y esmero en su vivir eran más señaladas i a fuer de mui honestas respetadas de todos las quales ofresían sus hidalgos padres a este recogimiento y clausura desde ocho años a doce porque demás edad no consentía el Rei que encerrasen lo qual estaban veinte y sinco o treinta años y passados, las que querían, porque otras guardaban su virginidad y aquella clausura toda su vida, se podían cassar presediendo la seremonia que diré después".

Sin embargo, la dedicación al culto se podía ver interrumpida por el matrimonio, con el beneplácito del rey, que tenía el derecho de prelibación: "Quando alguna de estas se avía de casar, que era después de aver estado veinte y sinco o treinta años en aquella clausura, primero dormía con el  Rei Guanarteme y después la entregaba el mesmo a su marido, celebraba sus bodas con grande aplauso.


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