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Hay que protestar como antes….. (VII) – ENTRE GRIETAS Y BASURA – (2003)

«La historia de un barrio no es lo que ese barrio ha vivido,
sino lo qué ese barrio recuerda y cómo lo recuerda………….»

Hay que protestar como antes (VII)

«ENTRE GRIETAS Y BASURA»

Los desperdicios y la suciedad reinan en San José, cuyos callejones están plagados de viejas casas abandonadas y de solares convertidos en auténticos vertederos sin que nadie lo remedie.

(Texto integro, prensa de la época – 2003)

La basura florece por todos lados en la ladera de San José. Muchos vecinos se quejan de que el Ayuntamiento tiene abandonado el barrio y basta un breve recorrido para comprobar su mal estado y suciedad. Numerosos solares, utilizados como vertederos por los vecinos, y casas abandonadas y en acelerado proceso de ruina pueblan los callejones de este popular barrio de endiabladas pendientes que ponen a prueba la resistencia de cualquiera.

Hay algunas cuestas tan empinadas —como la de la calle José Sánchez, la que va al cementerio de los ingleses— que hasta los coches se asfixian al subirlas. «Con decirle», comenta una vecina que prefiere permanecer en el anonimato, «que muchos taxis se niegan a subir». Tenemos que estar pidiendo favores a los taxistas para que suban y, sobre todo los viejos se niegan porque dicen que las cuestas son muy inclinadas y tienen problemas. Y digo yo, si nuestros coches suben sin problemas no entiendo por qué los de ellos no».

La reticencia de los taxistas a visitar el barrio es uno más de los problemas que sufren los residentes de San José, comenta Marisol, una vecina que lleva más de cuarenta años viviendo en la ladera.

Al lado mismo de su casa crece desde hace años un tremendo estercolero —un criadero de ratas lo llama ella— donde se acumulan las basuras y los escombros que dejan los residentes del barrio.

Al solar que se halla abandonado, que antiguamente albergaba unas cuevas que fueron tapiadas, va a parar además un reguerillo de aguas de origen desconocido. El lugar apesta no se sabe bien si por la basura o por el pequeño manantial. «Esto es un foco de infección, no hay más que ratones, gatos y malos olores. Llevamos más de veinte años pidiendo al Ayuntamiento que lo arregle, pero esto sigue igual», comenta esta mujer que está aburrida del barrio.

Nadie sube la cuesta

«No me suben la compra, los taxis no quieren subir, todo esto lleno de basura y ahora las grietasque era lo único que nos faltaba», comenta Marisol, cuya casa es una de las afectadas por el derrumbe del túnel de San José, un accidente que seguramente quedará incorporado a la memoria colectiva del barrio.

Pero el situado al lado de la casa de Marisol no es el único vertedero del barrio, ni tampoco el peor. Los hay para todos los gustos porque son muchos los solares que aparecen repletos de escombros y basuras. La suciedad reina por este empinado barrio en el que muchas casas han sido abandonadas y están con el candado echado. Algunas de ellas, ya sin techo, son utilizadas para tirar los trastos y la más variada colección de electrodomésticos y residuos, que también se amontonan junto a los contenedores.

Un tramo de uno de los callejones, pura tierra, espera desde hace tiempo a que el ayuntamiento le ponga pavimento.

Muchas viviendas soportan además problemas de humedad por las filtraciones que se producen. Los que en su día debieron ser jardines aparecen totalmente abandonados, sólo alguna hierba ha crecido tras las últimas lluvias y la tierra es utilizada por los perros para hacer sus necesidades. El abandono de los escasos parterres de la ladera contrasta con el verde césped que crece, sólo unos metros más abajo, en los bordes de la autovía.

Una pequeña cancha y una plaza son los únicos equipamientos de ocio que tiene la barriada en la que abundan los chamizos cubiertos con planchas y las casas de bloques al aire.

Pero lo que no le quitarán nunca a los habitantes de San José es el lujo de poder disfrutar de las mejores vistas de la ciudad. Y si no que se lo digan a Carmela. Cuando está agobiada se asoma a la ventana de la casa o sube a la azotea y sólo con mirar la impresionante vista de la bahía se le quita todo. «Desde aquí veo desde el muelle hasta la potabilizadora«. Los de la Avenida Marítima no tienen esto. Si me quitan esta vista me entierran. A veces llega hasta el olor del mar«.

Juana aún recuerda, tampoco hace tanto, cuando en lugar de los bloques del polígono se divisaba desde su casa toda la Vega de San José plagada de plataneras. «Aquello era digno de verse», sostiene. La parte más alta de San José es uno de los pocos sitios de la ciudad donde todavía se puede uno despertar con el canto de los gallos. Gallos y gallinas felices que se pasean y picotean lo que encuentran fuera del gallinero, mientras sus dueñas barren y baldean las aceras.

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Artículo: Carmelo Ramírez Pérez – (Septiembre 2013)

Fuente: ULPGC – La Provincia (16-03-2003)

 

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