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Marinero accidentado en el pesquero “ALCATRAZ” – (1978)

“La historia de un barrio no es lo que ese barrio ha vivido,
sino lo qué ese barrio recuerda y cómo lo recuerda………….”

La vida en el mar es así

ACCIDENTE EN EL PESQUERO “ALCATRAZ” – (1978)

Le amputaron la mano destrozada a José Cabrera,
es canario y vive en el barrio de “San José”

(Texto integro, prensa de la época)

El marinero accidentado, del que no se había facilitado el nombre en el comunicado emitido por el patrón del barco pesquero «Alcatraz», es natural de Las Palmas y vive en el barrio de San José, en uno de los viejos callejones de la Ladera que dominaba la antigua vega bananera del sector de Vegueta, concretamente el denominado Franklin, a la altura de la iglesia donde se venera el patrón del populoso núcleo urbano.

El pasado martes y una vez atracado el “Alcatraz”, una ambulancia, en la que se hallaban dos doctores, le trasladaron a la Clínica Santa Catalina para internarle con urgencia en el quirófano por si había posibilidad de que no perdiera los cinco dedos seccionados de la mano derecha afectada, pero nada se pudo hacer por los miembros desprendidos de José Cabrera Rodríguez, que recogió en su propio guante su sobrino, que también se encontraba navegando en la unidad de la firma “Pescanova”.

Para conocer detalles del suceso, ayer por la tarde giramos una visita al centro sanitario, donde se encontraba en la habitación número 316, correspondiente a la tercera planta del edificio. Le acompañaba su esposa doña Julia Falcón León y varios familiares, todos muy afligidos por el inesperado percance.

SENTÍ UN DESGARRADOR CRUJIDO

—¿Cómo fue José?

Estaba por pasarme y me pasó. La vida en el mar es así.

El dolorido descansa un poco y relata los hechos:

—Yo estaba en la popa porque el contramaestre me había dicho que recogiera la basura que se hace diariamente en el barco. Cuando estaba en esta tarea recuerdo que resbalé y para no caer me agarré con la mano derechaincluso intenté alcanzar la plancha con la izquierda, también sin percatarme que la maquinilla estaba en funcionamiento. No se pudo frenar la marcha y sentí un desgarrador crujido en el interior del guante que llevaba puesto. Me di cuenta que me había fracturado y me zafé corriendo.

Hay una pausa, interviniendo el sobrino en la conversación: “Yo le agarré y le quité el guante dada la gravedad y hasta lo serenaba, pero luego caí al lado de él desmayado”.

LLEGA EL MÉDICO DEL “VILLA DE BILBAO”

—Sin pérdida de tiempo se suspendieron las operaciones del “Alcatraz” casi al filo del mediodía para comunicar por telefonía el accidente al “Villa de Bilbao”, que era el barco de la Flota de Guerra que vigilaba la zona de pesca. Recibió el mensaje y nos dio instrucciones “diría el sobrino del afectado” hasta tanto llegaba el médico para atenderle. Yo le daba a mi tío calmantes vitaminados del botiquín del barco, mientras esperábamos la asistencia, que tardó unas tres horas. Pero, ¡oh, mal de males!, en las tardanzas, resulta que se avería la falúa de la unidad de la Armada, por lo que el facultativo tuvo que utilizar una balsa neumática y en la que viajaba provisto del botiquín. Le hizo las primeras curas para cortarle la hemorragia de sangre y alentaba al herido de que podía recuperar la mano si se lograba la evacuación urgente a Las Palmas.

EN EL ESPIGÓN DEL CASTILLO

El sobrino, que tiene 31 años, añadiría luego:

—MI tío José es un hombre de un gran corazón, una serenidad fría. Cuando se dio cuenta de la gravedad sé que le dijo al contramaestre: “Mira, “Chicha”, lo que me has hecho con la máquina”, y todos quedamos muy entristecidos por ese noble pronunciamiento, sin guardarle rencor a nadie. “Chicha” creo de verdad que lloró. Llegamos a Las Palmas tras soportar con mala suerte también un temporal de viento del Norte. Esperaba en una ambulancia el Dr. Boada y otro cirujano especializado en las operaciones estéticas, esperanzados de colocarle los dedos que yo llevaba en el guante, pero desgraciadamente, por la pérdida de tiempo, ya nada se podía hacer porque las piezas rotas y desprendidas eran materia muerta y hubo que seccionarle casi la mitad del brazo.

ES EL SEGUNDO ACCIDENTE

Mientras se desarrollaba la charla, José nos dijo que contaba con 42 años de edad, casado y sin hijos. Es huérfano de padres y es el segundo accidente que sufre en la mar, pero en otro barco. Que llevaba 15 años embarcado y que estrenaba en la última de sus mareas de 20 días al “Alcatraz”.

La conversación es interrumpida por los hermanos de nuestro entrevistado, que irrumpen en el cuarto de forma emocionada y con lágrimas en los ojos, abrazando a José que reprime en sus pupilas el llanto de tamaña desgracia. Con el brazo completamente cubierto de vendas y esparadrapos, a la espera de que hoy sea descubierto para someterlo a la segunda cura.

LESIONADO FRENTE A LA COSTA DE AFRICA

El accidente tuvo lugar en las proximidades de Cabo Bojador. De haber en las cercanías un centro hospitalario o contar asimismo con un barco-clínica, por ejemplo, quizás este hombre del mar hubiera salvado ese medio brazo y a estas horas no hubiéramos que lamentar la invalidez de un marinero para las faenas propias de su profesión. Por lo tanto, otro problema que tarda en solucionarse: la atención sanitaria precisa en alta mar o cerca del continente africano en estos delicados y decisivos casos.

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Artículo: Carmelo Ramírez Pérez – (Agosto 2013)

Fuente: ULPG – El Eco de Canarias (29-06-1978)

 

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