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Melo Morales – «Un Campeón sin Corona»

«La historia de un barrio no es lo que ese barrio ha vivido,
sino lo qué ese barrio recuerda y cómo lo recuerda………….»

Melo Morales

Un Campeón sin Corona (67 combates y 5 derrotas)

Nació un viernes 7 de abril de 1944 en la calle Ventura Ramírez núm. 25 del Barrio de San José (frente mismo al antiguo “Torrecine”), como casi todos los niños del barrio sus primeras letras las aprendió en el Colegio de «Don Andrés», pasando también por los Colegios Cervantes, Viera y Clavijo y los Jesuitas, no era de mucho estudiar y cualquier ocasión era buena para ir a la playa a coger olas, –era un gran surfista en el rompeolas de Vegueta o los baños en la tanqueta aguavivas, tanqueta oscura, tanqueta larga y la matoña-.

Comienza a trabajar a los 11 años de edad como Maletero de Representantes, siguiéndole otros oficios y empresas como: Carpintero Metálico, Muebles Martel, Farmacia Lic. Apolinario (Parque de Santa Catalina), Asesoría Cía. África, Visitador Médico, Farmacia Lic. Jorge Simón Dorta Pérez (calle Obispo Codina num. 3) donde permaneció durante 20 años (1962-1982), finalizando con otros 25 años más en el departamento de administración del periódico local “Canarias7” y donde acaba su vida laboral, actualmente a sus 72 años goza de su bien merecida jubilación y una salud envidiable.

Llegó al mundo del boxeo a los 18 años casi por casualidad, o mejor dicho por necesidad, ya que por esa época al bueno de Melo cualquier niño del barrio se hacía con él porque era incapaz de pelear, pero la necesidad impera y comienza hacer guantes con los amigos en los antiguos “Baños Públicos” en la calle Ventura Ramírez esquina a Alfredo Calderón y en lo alto del rompeolas de Vegueta ( Plaza de Santa Isabel).

Un cuñado suyo que le incitó a probarse en el mundillo boxístico y se alistó, a las órdenes de Gordillo, en Educación y Descanso para perfeccionar técnica. Luego, pasó al Marino, bajo la doctrina de Pelayo (“el técnico que me marcaría para siempre”). Y con disciplina militar: “A las cinco de la mañana, en planta para correr. Luego, a la farmacia de Puente Piedra en la que trabajaba. Al mediodía al rompeolas a coger voladeras y, por la noche, al gimnasio. Así, un día tras otro. Vivía por y para el deporte, con una vida ordenada”.

Su debut se produce el 12 de septiembre de 1962, en las fiestas de Los Dolores de Schamman, midiéndose a Sánchez y venciéndole a los puntos. Tan buena impresión dejó en todo que, tras siete combates, lo emparejaron con Barranquillo, por entonces campeón de Canarias, perdiendo ese combate tras el límite, pero luego le pidió la revancha y pudo vencerle a los puntos. “Para mí fue un orgullo y una gran satisfacción ganarle a una figura como Barranquillo”. Idéntico camino siguió ante el tinerfeño Ortega, otro -Campeón sin Corona- que por similares motivos le negaron ir a los “Juegos del Mediterráneo”, excelente persona y gran amigo de Melo Morales con el que perdió en Santa Cruz de Tenerife e hizo -match nulo- en Las Palmas de Gran Canaria.

Dos veces disputó las finales del Campeonato de Canarias para acudir a los Campeonatos de España y, en ambas, la mala suerte y decisiones arbitrales controvertidas truncaron su proyección fuera de las Islas. En 1963, ante Ray Ross, la báscula fue su tumba: “Tras dar el peso mosca, Pelayo (su entrenador) le dijo que se tomara un vasito de leche, y a dormir. Se levantó al día siguiente con una fatiga insoportable del hambre, tomándose un café con leche, pan con mantequilla y un poquito de gofio”. Fue lo suficiente para que en el pesaje previo al combate superara los 53 kilos, y por 400 gramos fue automáticamente eliminado para los Nacionales, aunque peleó por la noche y ganó a Ray Ross en el Insular. “Nada compensó el cabreo que cogió conmigo mi entrenador, que me había dicho que por ese desayuno que hice fuera del régimen se me había ido la oportunidad de quedar campeón de España, pues era el gran favorito ante Juárez, de la Federación Catalana, que era el oponente que estaba esperando”.

La segunda oportunidad en la que se frustró su ascenso al cetro nacional ya tuvo que ver con el dictamen de los jueces. “En La Gallera del Cuyás quedé campeón de Canarias al vencer a Ramiro Suárez (q.e.p.d.), pues fue un excelente deportista e inmejorable compañero. Pero inexplicablemente, a las dos semanas me dicen que tengo que repetir la pelea. Accedo, aunque a puerta cerrada. Tras acabar, desde la mesa dicen que hay que echar una moneda al aire para dictaminar, pero eso no se hace y alzan los brazos a Ramiro Suárez. Los que vieron el combate no se explicaron eso. Ramiro Suárez fue a los Campeonatos de España y mi desengaño fue tremendo”. Destinado a ser el mejor boxeador del país y preolímpico para “Los Juegos Olímpicos de México – 1968”, esa tarde nefasta comenzó a rumiar su adiós.

Melo Morales se mediría luego a Ramiro Suárez, cuando éste ya regresó como Campeón de España, aunque los árbitros volvieron a arruinar sus méritos con otro dictamen polémico. “Ahí no aguantó más y con 24 años lo dejó por tantas injusticias. Hasta Pelayo  se retiró”. Ese final precipitado no empaña una trayectoria de la que dice sentirse “muy satisfecho”.

A Melo Morales únicamente le faltaron títulos de rango nacional, porque fue uno de los mejores boxeadores salidos de Gran Canaria. Estilo incisivo, categoría sobre el ring, lealtad por los códigos boxísticos, etc. Una figura en toda regla que sigue en el santuario de los nombres que más respeto y admiración despiertan entre compañeros y entendidos del pugilismo.

 

Un Campeón sin Corona (67 combates y 5 derrotas)

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Artículo: Carmelo Ramírez Pérez – (Enero 2016)

Fuente: Melo Morales – Canarias7>

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