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              BLOG DE NOTICIAS

Pinceladas históricas………… Aquel ¡pan calentito! de la «La Alemana»

«La historia de un barrio no es lo que ese barrio ha vivido,
sino lo qué ese barrio recuerda y cómo lo recuerda………….»

Panadería «La Alemana»

Fundada en 1928 en el barrio de «San José»

¡aquel pan calentito!

Cinco generaciones de la familia Borges han trabajado en la elaboración del pan para nuestro barrio y gran parte de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria

Enrique Eggers, un ciudadano germano que recaló en la ciudad hace ocho decadas, decidió fundar una panadería en la calle Dr. Ventura Ramírez  en el Cono Sur de la ciudad, que fue conocida como “La Alemana” por la nacionalidad de su dueño. Allí trabajaron los primeros panaderos de los Borges, que fueron transmitiendo de generación en generación su saber, hasta el punto de que en 1952 se hicieron con el negocio.

Fue el padre de Antonio Borges, el actual propietario, el que con la ayuda de un amigo, que le prestó 10.000 pesetas, pudo hacer marchar el negocio.

“Por entonces”, comenta Antonio, “el precio del pan oscilaba entre las 0,95 pesetas y las 4,25 pesetas”, algo muy alejado de los costes actuales, ya metidos en la transición de las pesetas a los euros.

Antonio siguió los pasos de su padre, con el que además de profesión compartía nombre, y anteriormente de su abuelo. Su padre, el primer Antonio Borges, corrió siendo un niño por las calles de San Nicolás, hasta que se metió en el oficio. Era una época, comenta, “en la que había que dormir en la panadería mientras se fermentaba el pan ya que no había levadura”.

Luego marchó a la Guerra Civil, de donde vino tras prestar servicio en Teruel, Zaragoza, Madrid y Tetuán. Curiosamente fue en el ejército donde Antonio se enteró de su verdadero apellido. En el barrio siempre era conocido como don Antonio Jorge, pero cuando pasaron lista en el cuartel por vez primera le hicieron saber que su apellido era “Borges” y no Jorge. Esto hizo que tuviera que cambiar incluso la inscripción que tenía en el triciclo en el que repartía el pan, ya que llevaba en el frente el nombre de Jorge……….

 

Artículo: Carmelo Ramírez Pérez – (Octubre 2012)

Fuente: ULPGC – Canarias7 (15-01-1999)

 

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Comments

  1. Rubén Jiménez el 8 octubre, 2012 - 12:24 dijo:

    Creo que muchisima gente de San José y entoda la zona recuerdan la panaderia. Personalmente iba a comprar el pan en sacos para vender en la tienda de Chonita, en la calle Celta, en la misma donde nací y viví hasta el 1958, curiosamente donde mi padre tuvo su tienda (La tienda de Ferminito y Lolita). Creo que fué por los años 52 a 55 -como pasa el tiempo, y la suerte de poder contarlo…-. Recuerdo las dificultades para conseguir el pan, donde siempre, quizás porque era un chiquillo, entre 10 y 13 años, me dieron siempre un trato que quiero resaltar, al tiempo que felicitar por sus muchos años y su buen trabajo. Esto se llama recuerdos llenos de nostalgia. Carmelo,director-editor, tu siempre al loro con buenas noticias. Que sigas siempre así, tus lectores y creo que especialmente tu barrio SAN JOSE siempre te lo agradecerán.
    Un afectuoso saludo.-

  2. Paco Cruz el 8 octubre, 2012 - 16:45 dijo:

    Recuerdo que mi madre iba guardando el pan duro y cuando llenaba una talega hecha con sacos de azucar, mi padre tendría alguna amistad en la panadería y se lo dejaban bizcochar cuando ellos no estaban trabajando.
    Saludos y gracias al administrador por traernos estos gratos recuerdos.

  3. EMILIO RAMÍREZ SUÁREZ el 30 marzo, 2013 - 23:40 dijo:

    Gratos recuerdos me trae el pan calentito de La Alemana.Recuerdo a media tarde cuando llegaba el triciclo a la tienda de mi tío Pepito Monzón (Paseo de San José, esquina con San Francisco Javier, frente a la Casa Amarilla).

    Aquel olor a pan recién salido del horno, y su color de buena cocción tenía un suave ruido cuando con el cuchillo mi tío me lo partía y me preguntaba que quería ponerle dentro. Para mi, en aquellos tiempos (donde todavía se usaban las cartillas de racionamiento, que mi tío iba rellenando con plumilla mojada en tintero y que para que se secara dejaba caer un poco de gofio, cual secante natural)era todo un privilegio poder elegir lo que más me gusta ba y ponerlo dentro de aquel pan tan brillante.

    Un día era queso palmero que olía a gloria, otro día era tocino de unas lonchas gordas de gruesa cubierta con su sal adherida, cuyo sabor se ha quedado en el recuerdo de mi mente, aquellas sardinas «enantes» (de Nantes), que tampoco he vuelto a encontrar su sabor que le daba la buena calidad de la sardina o del aceite de oliva, aceitunas verdes sacadas de la barrica, que comía con trozos de pan, el aceite de la máquina que conectaba con un tubo al bidón y que la ponía en las dos tapas del pan y luego le dejaba caer una ligera capa de azúcar, el chorizo que yo creo que ya venía de Teror untado en la miga calentita, el pedazo de chocolate de la tableta El Boxeador que mí tío la habría y me la iba dando poco a poco -no todos los días- y que comía con los trozitos de pan. En fin, un recuerdo grato de tener acceso a buenos productos que no eran nada sin el complemento del calentito pan de la calle Dr. Ventura Ramírez, y que gracias a mi tío-padrino pude saborear. Algún día estas experiencias se las contaré a mis hijos -me tendré que dar prisa- porque son vivencias que cuandos las recuerdas te genera un sentimiento del momento vivido. Una gran industria nació en nuestro barrio de San José, y sus producto llegaban a nuestras mesas de obreros y artesanos para acompañar la deliciosa comida que preparaban nuestras madres y que saboreabamos gracias a la Panaderia «La Alemana». Saludos a los amigos del barrio. Emilio.

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