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       Barrio de San José - Las Palmas de G.C.

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Sabíamos que….. La Muralla Sur, Callejón de los Majoreros y Hernán Pérez

«La historia de un barrio no es lo que ese barrio ha vivido,
sino lo qué ese barrio recuerda y cómo lo recuerda………….»

 

La Muralla Sur,

El Callejón de los Majoreros

y la Calle Hernán Pérez de Grado

 

La Muralla del Señor Santo Domingo; y el insigne franciscano, verdadero enamorado de su ciudad y de su isla de la Gran Canaria nos describe con su encantador estilo las obras, de este modo:

A la parte que mira al sur, camino de la ciudad de Telde, guarda a esta ciudad real de Las Palmas una muralla que se comenzó a fabricar el año de 1656, siendo séptimo presidente de la real Audiencia y capitán general de mar y tierra de estas siete islas D. Alonso de Ávila y Guzmán, caballero de la orden de Calatrava, la cual tiene de largo 900 varas hasta dar con el monte o lomo de Santo Domingo, cuatro de ancho, con su puerta a hornabeque, tres baluarte, contrafuerte y postigo, todo muy fuerte y fabricado con buena disposición y arte cuya planta y traza dio el capitán D. Lope de Mendoza, ingeniero militar de estas Islas por S. M. Esta muralla se ha quedado sin acabar por haber faltado los medios y haberse aplicado los efectos señalados para esta obra a otros reparos mas necesarios, si no es ya lo mas cierto, negligencia de los que Gobiernan, que tal vez no atienden tanto al servicio del Rey como al provecho de sus comodidades. Acabarase con tres mil cuatrocientos y sesenta reales, según el tanteo que hizo, cuando cesó su obra, el sobredicho ingeniero militar; mas de la suerte que se va arruinando con los tiempos, cuando la quieran reparar, ni con cuatro mil ducados lo ha de hacer S. M., que Dios guarde.

Esto nos dice el Padre Sosa de la muralla del Señor Santo Domingo, trazada y empezada a edificar según él, con toda solidez y arte militar; aunque documentos de la época, que hemos visto, cuentan que “la débil muralla se iba destruyendo poco a poco por su mala edificación y el abandono en que se le tenia”.D. Pedro Agustín del Castillo, que escribió su descripción histórica per el año 1.740, nos dice lo siguiente de la expresada muralla:

“Con estos motivos de guerras se pasó D. Alonso de Ávila a fortificar a Canaria e hizo la muralla de la parte de los Reyes aunque quedó imperfecta en su arquitectura y mala materia con que ha sido poco existente, pues en ochenta años se mantienen solo sus malos cimientos”.

Esta muralla que encerraba dentro de su recinto toda la Vegueta de la ciudad desde el lugar donde, mas tarde, se hizo el reducto de Santa Ana hasta el lomo de Santo Domingo de San Juan, llamado luego y definitivamente de San Jote por el barrio que a extramuros se fue formando en torno a la primitiva ermita dedicada al Santo Patriarca en el mismo siglo XVII, tenía dos puertas: la principal, llamada de los Reyes, situada junto a la ermita de la Virgen de esta advocación, que daba paso a las trágicas procesiones de los condenados por el Santo Oficio a morir por herejes en las hogueras levantadas en la fatídica plazoleta del Quemadero, en la qua, después se siguieron ajusticiando en la horca a muchos delincuentes, y la Portadilla, llamada de San José, que daba paso al camino real de Telde y demás lugares del Sur de la Isla.

Fuera da esta muralla, entre la portada de los Reyes y la portadilla de San José, discurría un barranquillo por el foso de aquella, que los viandantes transitaban para dirigirse de una parte a otra. Extramuros se extendían las huertas del convento de San Pedro Mártir, atravesadas por un estrecho camino que recibía el nombre de “Callejón de la Horca”, porque ponía en comunicación el camino real de Telde con la plazuela del Quemadero.

Por el año de 1 741, siendo don Andrés Benito Pignatelli capitán general de las Canarias y con motivo de las frecuentes irrupciones que hacían en las islas los corsarios ingleses, se pensó en el abandono en que se hallaban todas las fortificaciones y en la urgente necesidad desatenderlas. El Las Palmas, bajo la dirección de los ingenieros Lapierre y de la Rivera se construyó el reducto de “Santa Ana” y reparó la muralla de Santo Domingo. Del estado tan lamentable de la muralla nos habla Castillo, y ello nos hace suponer que en tiempos del Padre Sosa no pudo el ingeniero D. Lope de Mendoza dar sus obras por terminadas y estas se desmoronaron durante los ochenta años transcurridos, los ingenieros Lapierre y Rivera no debieron ser mas afortunados y se contentarían con levantar algunos trozos con la solidez y arte militar que se observa en los paredones todavía existentes en el callejón de Santa Isabel que iba al reducto del mismo nombre desaparecido ya, recientemente.

Esmeraronse estos ingenieros, mas que en reparar la muralla, en la construcción de dicho reducto; de la batería de San Felipe, en la colina de Santa Catalina, y de otra que hicieron sobre la punta del Palo, de la Isleta, a la que dieron el nombre de San Fernando, “ahora, con motivo del ensancha del puerto de refugio de la Luz se ha acordado cambiar de emplazamiento, trasladándola a otro lugar”, y en reforzar el llamado castillo del Romeral, por el sur de la Isla, y la torre de Gando, que enseguida tuvo un glorioso estreno rechazando valerosamente, en Octubre del mismo año de 1.741, los furiosos ataques de una corbeta de guerra y un navío corsario, ingleses, obligándoles a abandonar la bahía con setenta bajas en sus tripulaciones, entre muertos y heridos.

Ya al empezar el siglo XIX apenas si existían de esta muralla los cimientos. La primera en desaparecer fue la puerta de los Reyes. La portadilla de San José, se sostuvo en pie todavía algunos años más, como le pasó a la portada de Triana, en la muralla del Norte, y por eso aun se conserva el recuerdo de ambas en los lugares donde estuvieron emplazadas.

Arrasada la muralla del Señor Santo Domingo, desaparecidos hasta sus cimientos, el vecindario, con su continuo transitar por sobre aquellos escombros fue abriendo una especie de camino, tortuoso y angosto, que la necesidad de acortar la distancia entre “La Portadilla” y “Los Reyes” les obligaba a pasar, a todas horas del día y de la noche, principalmente, a los regantes de aquellas huertas y a los guardas del agua de la Heredad…

Y esa vereda, esa senda,

fue el origen de la actual

calle de Hernán Pérez de Grado.

 
Artículo: Carmelo Ramírez Pérez – (Enero 2012)

Fuente: U.L.P.G.C. – (Diario de Las Palmas – 07-12-1927)

 

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Comments

  1. Paco Cruz el 3 septiembre, 2012 - 19:27 dijo:

    Extraordinario documento, a ver si algunos que han nacido en san josé y les da verguenza decirlo prefieriendo decir que nacieron en santo domingo, vegueta y no dicen ciudad jardín por les queda lejos.

    Enhorabuena y saludos

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