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       Barrio de San José - Las Palmas de G.C.

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Sabíamos que…… Procesión «Sobrevivientes del Cólera-Morbo» – (1851)

«La historia de un barrio no es lo que ese barrio ha vivido,
sino lo qué ese barrio recuerda y cómo lo recuerda………….»

Los sobrevivientes del “Cólera-Morbo

En procesión solemne con Nuestra Santísima Virgen del Rosario,
San José, San Juan, San Roque, San Rafael y Santo Domingo
– 1852 –

En el sagrado libro del Génesis se lee que el patriarca Noé, cuando salió del arca después de haber estado encerrado allí con su familia durante todo un año, en acción de gracias por haber sido preservado de perecer en las aguas del diluvio universal, erigió un altar a Dios ofreciéndole un holocausto fervientísimo; y entonces el Señor, en vista de esa manifestación de gratitud, le dijo a Noé: «No volveré a destruir el linaje humano; pondré mi arco en las nubes, y será señal de la alianza que hago con vosotros: así es que, cuando se cubra de nubes el cielo, aparecerá mi arco, recordando mi alianza y promesa especial de que jamás habrá otro diluvio, destructor del orbe terrestre«.

Tal promesa, hecha por Dios Nuestro Señor, ha tenido, como era regular, muy exacto cumplimiento. De un modo semejante a lo que queda expuesto, ha procedido la Santísima Virgen del Rosario con los habitantes de esta isla, y, especialmente, con los de nuestra Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Las Palmas.

En la primavera de 1852, cuando había transcurrido un año desde la irrupción de aquella horrenda epidemia del cólera-morbo, que destruyó un gran número de habitantes de esta isla, y particularmente de nuestra población, los que sobrevivieron a tan lúgubre hecatombe determinaron sacar en procesión solemne a la bellísima imagen de Nuestra Señora del Rosario, no sólo en acción de gracias por la preservación de sus vidas, sino también para suplicar a la Santísima virgen del modo más ferviente que jamás volviera aquí a presentarse una peste tan horrible y desoladora.

Llevóse, pues, a la práctica aquélla piadosa determinación, efectuándose de la manera más fervorosa, especialmente por el vecindario del distrito de Vegueta, que era donde la referida epidemia había hecho mayores estragos.

Por ello fue que cada uno de sus barrios quiso que su Santo Patrono acompañase a la proyectada procesión: así, pues, los vecinos del barrio de San José hicieron que saliese la Imagen de este glorioso santo; los de San Juan, su mismo Patrón; y el suyo también, los del devotísimo San Roque. Pero, como faltara otro Santo que llevase la representación de la parte céntrica del expresado distrito, se eligió con tal fin, llevándolo de la Iglesia de San Antonio Abad, al insigne Arcángel S. Rafael, por haber sido invocado siempre como «medicina de Dios», teniendo esa denominación en su misma peana.

Salió en efecto de nuestra parroquia de Santo Domingo en una tarde de la citada primavera de 1852 aquella procesión solemnísima, llevando delante al célebre peregrino San Roque, abogado contra la peste: en seguida, al también glorioso peregrino San Rafael; después, al heroico penitente San Juan Bautista; luego al Patriarca San José, abogado para lograr buena muerte: a continuación, el egregio patrono de esta parroquia Santo Domingo de Guzmán; y por fin, presidiendo majestuosamente tan devota procesión, nuestra muy valiosa Madre y Augusta Señora del Santísimo Rosario, por creerse firmemente, como se expresa en su novena, que:

«Esta santa devoción
es el más eficaz medio
por donde viene el remedio
en toda tribulación»

¡Ohl ¡Cuan digna era de ver aquella edificante procesión, acompañada de innumerable gentío, que, teniendo aún latente su luctuoso duelo por las inmensas desgracias que acababa de sufrir, oraba con el más sincero fervor, expresando su mucha gratitud por haber sido preservado de aquel mortífero contagio, e implorando a la vez misericordia para los vivos y eterno descanso para los muertos!

¡Ah! ¡Cuántas veces durante la misma procesión, y especialmente en su tránsito por las plazas principales, se postraban de hinojos muchas personas llorando y pidiendo férvidamente a su venerada Virgen que mirase con sus compasivos y dulcísimos ojos a su muy devota tierra canaria e intercediera eficazmente porque jamás volviera a ser afligida con pestes tan horrorosas!…

Y la Santísima Virgen del Rosario acogió benigna aquellas fervientes oraciones: y desde entonces, ofreció tender sobre esta tierra, como espléndido arco iris, el rico manto de su gran misericordia y su inmenso cariño maternal!

Que nuestra muy querida Madre ha cumplido su promesa en los cuarenta y nueve años que han transcurrido desde entonces, podemos afirmarlo, con toda seguridad los que aún vivimos, desde aquella horrible epidemia: pues, en efecto, no obstante haberse sufrido varias veces pestes contagiosas en otras poblaciones, hasta en muchas de nuestra España y en este mismo Archipiélago, especialmente en los años de 1862, 1888 y 1894; y a pesar de haberse visto esta ciudad amagada con tan cercano peligro, habiendo también llegado a tener, como síntomas alarmantes, algunos casos sospechosos; sin embargo, la Santísima Virgen del Rosario tendió sobre nosotros su misericordioso arco y nos libró entonces, como nos ha librado posteriormente, de la propagación de toda epidemia.

Por ello debemos reiterar constantemente a nuestra Augusta Protectora las manifestaciones más expresivas de nuestra eterna gratitud: no bastando en mi opinión dedicarle alegres festivales, cuya mayor parte consiste en vanas puerilidades y prácticas gentílicas; puesto, que, así como los buenos católicos han reprobado siempre los bailes llamados de caridad o el pretender con el producto de una diversión mundana, socorrer a angustiados infelices, no solo porque ese medio suele convertirse en fin, sino también porque se absorbe la mayor parte de los ingresos dejando una muy mínima para tal socorro: de igual manera, y por idénticos motivos, parece resultar lo mismo con esa amalgama de fiestas cívico religiosas, que en los actuales tiempos se hallan en uso.

Por lo tanto: como la más viva demostración de nuestro afecto y gratitud hacia nuestra Excelsa Señora, así por los singulares beneficios que hasta ahora nos ha prodigado, como por los que en lo sucesivo se digne dispensarnos, debemos manifestarle de otro modo más sublime nuestro amor y correspondencia.

Con tal fin, el que escribe estas líneas, y sin otro título ni prestigio que la devoción y afecto que desde el mencionado año 52 ha tenido siempre hacia Nuestra Sra. del Rosario y que le provino de la gratísima impresión que le produjo aquella conmovedora procesión verificada por los sobrevivientes del cólera-morbo; se atreve a proponer a la benemérita. Comisión organizadora de las brillantes fiestas actuales, que, como recuerdo especial de su buen éxito, deje establecida una Archicofradía, compuesta de personas dignas e ilustradas, para dar un solemne y frecuente culto a la Santísima Virgen en esa historia y sublime devoción del Santo Rosario, a fin de que en toda ocasión, y especialmente ahora que se halla nuestro Cielo cubierto de amenazadoras nubes, continúe nuestra Augusta Señora siendo para esta querida tierra el magnánimo ARCO IRIS que nos preserve y ampare contra toda invasión de epidemias así corporales como espirituales; y que pueda siempre cada uno de los canarios seguir diciéndole con entera exactitud estas dulces frases de la oración final de su novena:

«¡Yo te alabo y alabaré en tu Santísimo Rosario, pues en él deposito tu compasivo amor, mi suspirado remedio!»

 

Artículo:  Carmelo Ramírez Pérez – (Marzo – 2013)

 

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