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Sí al espectáculo, no a las separadas ni protagonismo arbitral

«La historia de un barrio no es lo que ese barrio ha vivido,
sino lo qué ese barrio recuerda y cómo lo recuerda………….»

Lucha Canaria

“Sí al espectáculo, no a las separadas ni protagonismo arbitral”

¡A LUCHAR!

Soy uno de tantos  que habiendo sido practicante de nuestro ancestral deporte durante toda mi juventud, y que ahora en mi senectud llevo tiempo alejado de los terreros -y casi de la Lucha Canaria-, debido a la falta de criterios arbitrales (unificación y aplicación homogénea de las Normas Reglamentarias),  pésimo comportamiento de los luchadores y cuerpo técnico de los clubes en los terreros de lucha.

No llego a entender cómo -por ejemplo en el fútbol- una falta por un juego peligroso o cuestionar la decisión del juez del encuentro, es suficiente para sacar una “tarjeta roja“ y la consiguiente expulsión del terreno de juego, y en nuestra Lucha Canaria cuya esencia principal es el espíritu de la “nobleza”, un enorme porcentaje de luchadores, actúan en su bregar de forma muy violenta -cabezazos, manotazos, tirones, cruzar los brazos por debajo de los del contrario, etc.- y cuando es vencido -dando puñetazos, patadas en la arena del terrero, y cuando no, a las vallas publicitarias, recipientes del agua, así como malos gestos, etc.-. Sin lugar a dudas tenemos que tomar ejemplo de otras disciplinas deportivas e instintivamente cuando  cualquier luchador que cometa este tipo de infracción sea automáticamente expulsado,  por  faltar a unos de los principios fundamentales de nuestro deporte “la nobleza y que sea  el Comité de Competición el que actúe en consecuencia.

Hablando del arbitraje. Entiendo  que dirigir una luchada tiene por supuesto sus complicaciones, inconvenientes y dificultades, eso a nadie que conozca el deporte de la  Lucha Canaria se le esconde. Otra cosa es querer ser el «protagonista del encuentro». El criterio arbitral tiene que ser igual desde el primer “verijilla” (primer luchador que sale a bregar, normalmente el menos iniciado o de menos peso) hasta llegar al último luchador (Puntales, Destacados, etc.). Pero también entiendo que el respetable (público) quiere gozar del espectáculo y no de una decisión arbitral, la mayoría de las veces  no ajustada a la reglamentación vigente, también considerar la flexibilización de las  normas y la humanización de las mismas, como así ocurre en  otros  deportes.

Intentaré explicarme:

En principio los mal llamados árbitros auxiliares que acompañan al árbitro principal, están vacíos de contenidos, puesto que no tienen decisión sobre lo que está ocurriendo en cualquiera de las bregas de la luchada. En ocasiones  cuando las circunstancias lo requiere ni siquiera son consultados por el árbitro central, haciendo éste alarde de prepotencia. (Debemos tomar buena nota sobre un combate de «Judo» donde los auxiliares sí tienen voz y voto).

A mi modo de ver, el árbitro tiene que hacer lo imposible para que los luchadores a la hora de bregar lo hagan -noblemente- sin trampas ni engaños, advirtiéndole en todo momento sobre las reglas del agarre -que en contadas ocasiones (casi ningunas) llegan las puntas de los dedos a la arena-, que en la mayoría de las veces es por no tener los hombros emparejados, como bien lo dice la reglamentación, y no amonestar “sin ton, ni son” y eliminarlos de un plumazo.

Tiene que considerar el árbitro que dentro del recinto luchístico no sólo están los luchadores, hay mucho público, y se merecen un respeto, debiendo adoptar posturas y comportamientos de acorde a su cometido, recordando la máxima que -el mejor arbitraje es el que pasa desapercibido-.

Normalmente cuando se llega al ecuador de la luchada empiezan a salir los luchadores Destacados y Puntales , a partir de entonces es cuando el árbitro no sólo debe pensar en terminar el encuentro:

  • Bajo ningún concepto el árbitro debe decidir el resultado final
  • Considerar las amonestaciones y la flexibilización de las mismas no sólo a partir de este momento sino durante toda la luchada.
  • En caso de que se agote el tiempo y no se tumben (separada), esos mismo luchadores que por motivos de estrategia o de cualquier otra índole deberán volver a bregar cuando haya caído el último luchador del equipo contrario. (esto a considerar y cambiar en la Reglamentación)
  • Por lo que será el mismo público quien increpen a los luchadores y no al árbitro.
  • Ellos (los luchadores en brega) saben perfectamente que tienen que ir a luchar, a vencerse, el respetable fue a verlos luchar y conocer un vencedor y un vencido o en consecuencia será el mismo público quien cuestionen la actuación de los luchadores y no la del árbitro.

Con estos considerandos quizás “la nobleza en nuestro deporte brille por su presencia”, pudiendo contribuir con  mayor afluencia de aficionados  a nuestros terreros y no como ahora en encuentros puntuales.

 

Artículo: Carmelo Ramírez Pérez – (Abril 2016)

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