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Una beca de 150 pesetas para ir a Madrid

«La historia de un barrio no es lo que ese barrio ha vivido,
sino lo qué ese barrio recuerda y cómo lo recuerda………….»

 

150 Pesetas para ir becado a Madrid

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Una beca de 150 pesetas del Cabildo insular permitió a Diego Díaz Sánchez vecino de nuestro populoso y humilde Barrio de San José, llegar en el año 1928 a la Residencia de Estudiantes de Madrid y ser uno de los colaboradores del Laboratorio de Fisiología fundado por Juan Negrín.

La esperanza en Alicante, en 1939, era alcanzar uno de los barcos para salir de la España franquista.

Miles de refugiados trataban de encontrar una plaza segura, y entre ellos estaban el doctor Diego Díaz Sánchez, su esposa, Carmen Revuelta, y un hijo recién nacido en brazos. Años atrás, en la Facultad de Medicina de la recién construida Universidad Central,  la imagen era distinta. Relata la anécdota José Medina, presidente de la Fundación Negrín: se inauguraba la nueva sede del Laboratorio de Fisiología, con autoridades académicas y políticas, y le dice Diego Díaz a Negrín: «Don Juan, con todo lo que usted ha trabajado y ahora vienen todos a…» El socialista le contesta: «Lo importante es que la cosa se haga y no quién la haga». El comentario lo dejó escrito entre sus papeles el neurocirujano Juan Negrín júnior.

Diego Díaz, que no pudo cumplir su deseo de trabajar en la Universidad de Cambridge con el profesor J. Barcroft gracias a una beca (1936). No tenía aún 17 años cuando llega a Madrid, a la Residencia de Estudiantes. Carlos Corral Corral, nieto del científico José María del Corral, destaca su pertenencia al grupo de estudiantes que a partir de 1925-26 se incorpora al Laboratorio de Fisiología de la Residencia. Fue alumno interno por oposición de la Cátedra de Fisiología, y desde ese mismo año fue asistente voluntario del Laboratorio con trabajos sobre glicósis muscular.

A la hora de encontrar una influencia sin fisuras en la personalidad de su tío, Diego López, gerente del Museo Canario, se retrotrae a su profesor de instituto en Las Palmas de Gran Canaria, Gonzalo Díaz Casanova, «al que apreció a lo largo de su vida». El docente fue el representante del Estado para dar fe de la incautación del colegio de Los Jesuitas, y tras la guerra civil sería depurado por sus ideas. «Yo quiero pensar que fue la persona que más determinó su futuro, tanto para tomar la iniciativa de ir a la Residencia de Estudiantes como para estudiar Medicina», afirma Diego López.

Según relata José Miguel Jiménez Díaz en un obituario (7 de abril de 1993), al estallar la guerra civil el doctor Diego Díaz Sánchez queda en zona republicana, y pasa a prestar servicios médicos en Aviación. Alcanza el grado de capitán médico con destino en el hospital San Juan de Alicante, desde donde saldrá para el exilio. El destino que le aguarda son los campos de refugiados franceses atendidos por senegaleses de la colonia. Las penurias son tan grandes que el matrimonio no tiene más remedio que repatriar al hijo recién nacido para que pueda ser atendido por la familia de Gran Canaria. Diego Díaz Sánchez tiene que reiniciar sus estudios de Medicina para obtener la autorización para ejercer. Su despacho estará en el 21 de la rue George Picot Toulouse. Carlos Corral Corral asegura que el investigador grancanario declinó la invitación de Juan Negrín Junior, neurocirujano en Nueva York, y de Severo Ochoa, futuro Nobel y alumno de Negrín padre, para que se incorporara a sus equipos. Hasta el año 1954 no va a poder viajar a Gran Canaria para reencontrarse con sus padres, amigos y hermanos. «Su vuelta fue tremenda, muy emotiva. Hubo que alquilar una guagua para ir todos hasta el aeropuerto», recuerda su sobrino Diego López.

El gerente del Museo Canario viajó en 1969 a Toulouse para pasar unas vacaciones con su tío, en la que entonces tenía categoría de capital de exilio español. Allí se enmarca una de las facetas menos conocidas del doctor Diego Díaz Sánchez por su vinculación a la Cruz Roja Republicana Española. Junto al doctor Marti Fiod pasará consulta en el dispensario creado por el organismo en el número 4 de la rue Mondrán. Su misión humanitaria es atender a los prisioneros y deportados de Alemania en la primavera de 1945, destaca la investigadora de la UNED Alicia Alted Vigil.

El Jardín Botánico de Madrid sabe mucho de las emociones que afloraban en Diego Díaz Sánchez cuando volvía a Madrid. Hasta allí iba todas las mañanas para cargar las pilas con un paisaje que, por alguna razón, no había logrado arrancar de su memoria de exiliado. Desde allí partía a ver a los amigos que le quedaban del otro Madrid.

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Artículo:   Carmelo Ramírez Pérez  –  Agosto 2011

Fuente:     Javier Durán

 

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